lunes, 9 de enero de 2017

Hábitos Delirantes de 10 Pintores Extravagantes

Saboreando una deliciosa taza de mazamorra con el maestro Sebastián Acosta (arquitecto, escultor, acuarelista e historiador) y hablando de los "resabios" que muchos pintores tenemos al ejecutar nuestras obras, me confesaba, acomodando su enorme humanidad en el abullonado sillón de su estudio en la ciudad de Medellín, como él, al iniciar un trabajo, se introduce en una túnica de monje -raída y manchada por mil colores- la cual sujeta con un lazo verde a la cintura. Sin ella, dice, es imposible emprender la tarea.

Esta conversaciión me trasladó a un artículo que había leido unos meses atrás sobre las excentricidades de diez pintores de la talla de Dalí, Picasso, Warhol, Miró, balthus, entre otros, escrito por la periodista Victoria Gallardo para el periódico El Mundo de España.

A continuación transcribo el artículo completo.

Hábitos delirantes de 10 pintores extravagantes
Por:



A Francis Bacon le gustaba pintar de resaca, Pablo Picasso vivía rodeado de un zoológico de mascotas y Paul Cézanne repelía cualquier contacto físico. Repasamos éstas y otras filias y fobias de artistas ilustres.

 Andy Warhol

“Andy murió ayer. Nunca dejará de sorprendernos”. Estas fueron las palabras escogidas como epitafio por Glenn O’Brien para decir adiós a su buen amigo Warhol. Razón no le faltaba. Junto a su inmensa obra, presente hoy en Madrid gracias a las exposición Mitos del pop del Museo Thyssen-Bornemisza, el pintor dejó también como parte su legado un sinfín de rarezas y anécdotas que comienzan por su propio nombre, ya que el joven Andrew, que en realidad se apellidaba Warhola, tomó su apelativo artístico en 1949, cuando un dibujo suyo apareció publicado en un periódico y, como fruto de un error, se omitió la a final en la firma.

Famoso por su obsesión por los gatos, a los cuales no dudó en introducir en varias de sus obras (postales navideñas incluidas), aquel artista que de niño soñaba con ser bailarín de claqué tuvo que morir para que uno de sus mayores proyectos quedase al descubierto: más de 600 cajas de cartón marrón bautizadas como Cápsulas de Tiempo en las que el pintor fue almacenando revistas, diarios, regalos y todo tipo de objetos que permanecieron prácticamente en el anonimato hasta 1987.


 Salvador Dalí
El nombre de Salvador Dalí también tiene su propia historia. Durante sus 84 años de vida, el genio catalán soportó la carga de llamarse igual que su hermano mayor, que falleció unos nueve meses antes de que el pintor llegase al mundo. Su fobia a los saltamontes, el viaje que hizo a París en un Rolls Royce repleto de coliflores o el caballo blanco que subió a su habitación de hotel en esa misma ciudad son tan sólo tres ejemplos de lo impredecible que llegó a ser Dalí quien, dicho sea de paso, sentía una inexplicable fascinación por las moscas. Eso sí, "solo por las limpias, no por las que se pasean por las calvas de los burócratas, que son repugnantes". Definitivamente, no mentía cuando pronunció aquello de "el surrealismo soy yo".


 Pablo Picasso
Varios coetáneos de Dalí también dejaron, además de sus obras, un buen puñado de manías y rarezas, como es el caso de Pablo Picasso. Según relataba la que fue su amante durante cerca de una década, Françoise Gillot, y tal y como recoge José Julio Perlado en su obra El artículo liteario y periodístico. Paisajes y personajes, el padre del Guernica tenía por costumbre cada mañana quedarse un buen rato postrado en la cama mientras enumeraba una por una las enfermedades que le aquejaban, "una especie de letanía que repetía a diario, con más o menos insistencia". Además de convivir con un perro, tres gatos siameses y una mona llamada Monina, en la rutina de Picasso figuraban hábitos como el de no beber más que agua mineral o leche y comer exclusivamente verduras, pescado, arroz con leche y uvas.


 Joan Miró
Con el objetivo de no recaer en la depresión que padecía antes de descubrir la pintura, Joan Miró también se autoimpuso un estricto régimen, en el que el deporte tenía un papel fundamental: practicar boxeo, correr por la playa o saltar a la comba son algunas de las actividades que formaban parte de su día a día. Eso sí, por la tarde no podía faltar una siesta, pero sólo de cinco minutos.


 Balthus
Por supuesto, no faltan quienes adoptaron hábitos mucho menos saludables a la hora de enfrentarse al lienzo en blanco. Según recoge Rituales cotidianos, de Mason Currey, Balthus acostumbraba a pintar fumando, algo que aseguraba que duplicaba su poder de concentración. Otros, como Francis Bacon, que combatía su insomnio leyendo libros de cocina, preferían hacerlo de resaca, cuando su mente "chisporroteaba de energía". La lista de bebedores empedernidos es larga, y en ella no faltan nombres tan célebres como el de Henri de toulouse-Lautrec quien, seducido por la coctelería americana, se atrevía a preparar sus propios mejunjes, como una combinación de ajenjo, mandarina, licor amargo, vino tinto y champaña al que tituló Rubor de Doncella.


 Francis Bacon


 Henri de Toulouse lautrec

 Edgar Degas
Además de por su afición a la bebida, Toulouse-Lautrec destacó igualmente por su costumbre de dibujar en los cabarets, algo que también hacía a menudo Edgar Degas, que no dudaba en sacar su cuaderno de notas en pleno burdel para hacer sus bocetos y experimentar con la perspectiva y los puntos de vista. Tal y como relata Sue Roe en Vida privada de los impresionistas, las relaciones del pintor y escultor francés con las mujeres nunca fueron sencillas, ya que rara vez se sentía cómodo con ellas, menos aún cuando "aquellas que ya habían traspasado su juventud" no dudaban en mostrar sus espaldas al aire.


 Paul Cézanne
Algo similar le sucedía a Paul Cézanne, que estaba convencido de que sus modelos siempre querían flitrear con él. Por si esto fuera poco, no soportaba que nadie le tocara. Según su amigo Émile Bernard, que intercambió varias cartas con el pintor y que fueron posteriormente recopiladas bajo el título Recuerdos de Cézanne, la explicación a esta aversión al contacto físico hay que buscarla en la infancia del artista. Al parecer, siendo muy pequeño, un niño le dió tal patada en el trasero mientras se deslizaba por una barandilla que Cézanne cayó al suelo. "El imprevisto e inesperado golpe me afectó tan fuertemente que, después de tantos años, vivo obsesionado con que pueda volver a suceder", aseguraba el propio pintor. Aunque esta no era su única rareza.
Su afán perfeccionista le llevaba a soltar los cubiertos en plena comida para estudiar el rostro de los demás comensales bajo el efecto de la luz de la lámpara, o bajar al jardín para sentarse y, acto seguido, salir disparado hacia su estudio. Incluso, llegó a ausentarse del entierro de su madre por estar inmerso en una vista de un valle al pie de Sainte Victoire que pintó a la acuarela.


 Édouard Manet
Tal y como escribió su colega Bernard, "si hubiera obrado sin tantas dudas sobre lo que podría ser mejor, tal vez no hubiera sufrido tanto, pero no nos habría dejado sus obras magistrales". En cambio, cuando Cézanne no vacilaba ni un instante era a la hora de valorar el trabajo de otros pintores: "Pisarro se acercó a la naturaleza, Monet nos dio una nueva forma de ver y Renoir pintó a las mujeres de París. El resto no cuenta", sentenció. Quien pintó igualmente a muchas parisinas fue Édouard Manet que, según relata de nuevo Susan Roe, no ocultaba su fascinación por "un pie contundentemente expuesto": "Se puede deducir todo sobre una mujer por la manera que coloca los pies", dijo una vez a Mallarmé. "Las mujeres seductoras siempre vuelven los pies hacia fuera. No esperes llegar a nada con una que los vuelva hacia dentro".


 Pierre Auguste Renoir
Pierre-Auguste Renoir también encontró en las mujeres una fuente de inspiración inagotable. Durante su estancia en Montmartre, cogió la curiosa costumbre de mudarse cada poco tiempo, pues estaba convencido de que "siempre tienes que estar al acecho de algo que pintar. Nada de equipajes. Basta un cepillo de dientes y una pastilla de jabón". El día de su muerte, Renoir aún estaba pintando. Al dejar el pincel manifestó: "Creo que estoy empezando a entender algo de esto".

Fuente: Hábitos delirantes de 10 pintores extravagantes

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